¡Matarife la rompió!

En su estreno, Matarife, la serie sobre Uribe, rompió esquemas, expectativas y cifras. 180 mil trinos en twitter, medio millón de visitas en youtube, 400  mil en instagram, 90 mil seguidores en su cuenta oficial de twitter, pero las cifras de audiencia palidecen ante las cifras de latidos de corazones que al unísono clamaban por ver la serie.  Los comentarios en ese sentido lo ratifican, y parece ser que que hasta en el uribismo estaban ansiosos o quizá, desesperados.  Ni con la bodega uribista pagada con los impuestos de todos, pudieron contrarrestar el apogeo de la serie ni la tendencia #MatarifeLaSerie, que estuvo de primera durante todo el día.  Si los productores pensaran en lo monetario, ahorita ya hubieran recuperado la inversión y hasta la sobrepasarían.  Pero Matarife no fue está pensada para recompensas monetarias sino para labores de concientización en una socieda amortiguada por la largura de la guerra que la ha vuelto insensible, acostumbrada a la muerte y al mal vivir y a la esclavitud del establecimiento.

El primer capítulo, aunque corto, fue sustancioso, como reza el adagio popular.  Como se pudo ver, la mafia narco-paramilitar y de la corrupción tenía una sede de lujo en pleno corazón de la capital colombiana.  Ese es el símbolo irrefutable de la connivencia entre las élites socio-económicas, las organizaciones de la mafia cocainera, y el crimen organizado, confundidos en un solo e indistinto cóctel: el encopetado Club El Nogal.  Esa pequeña pero poderosa sociedad tendrá que explicar varias cositas que durante años le ha ocultado al mundo.  Sobre eso parece que se trata  el segundo capítulo de Matarife, el cual ya suscita la misma ansiedad que el primero.

¡Qué calidad de manufactura! ¡Qué impecable producción!  ¡Qué buena actuación de Daniel Mendoza, el Delator de esa clase alta y putrefacta!    Definitivamente, ¡Matarife la rompió!

Contracara

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